Un mundo sin humanos

Sep 06, 2014
Felix Hompanera V

La evidencia geológica y geofísica indica que el planeta Tierra tiene aproximadamente 4,500 millones de años. El ser humano es como lo conocemos hace 5 ó 7 millones de años y desde un punto de vista religioso, es “el rey de la creación”; un punto de vista que contrasta mucho con la de los ecologistas que lo consideran la peor peste planetaria.

No es la intención de este post encontrar el matiz entre estas posturas, sino más bien mostrar, desde una perspectiva científica, lo que pasaría en el planeta Tierra si un día desapareciéramos los 7 billones de personas que lo poblamos. 

Lo primero que dejaría de funcionar serían las centrales eléctricas porque tienen un sistema de seguridad que corta su funcionamiento si no reciben mantenimiento humano. Las centrales hidroeléctricas colapsarían con la primera tormenta. Las ramas y basura  taparían la salida de agua de las presas y por consiguiente dejarían de producir energía eléctrica.

A los 10 días de nuestra desaparición, las 441 plantas nucleares que hay en el mundo entrarían en piloto automático. Sin nadie que las opere terminarían por quemarse los reactores y su contenido iría a parar a la atmósfera. ¡En menos de 2 semanas el mundo estaría a oscuras y en una atmósfera radiactiva!

A partir de ese momento el gran enemigo del planeta sería el agua. Por ejemplo: hay ciudades como Nueva York, Londres, Madrid, México, D. F. y algunas otras que son ricas en fuentes y acuíferas subterráneas. Son ciudades que fueron construidas cerca de ríos o sobre ríos secos. Actualmente existen ingenieros que bombean el agua para que no se inunden los túneles del metro, que sin ese proceso, se inundarían en tan sólo 2 días. El agua destrozaría las estructuras que están hechas básicamente de acero o hierro y forradas de cemento. El agua oxida el acero y una vez oxidado se expande. Al expandirse resquebrajaría el cemento.

Al año de hacer desaparecido los humanos del planeta, las calles se agrietarían a consecuencia del agua infiltrada que se congela en invierno y se expande en verano. De esas grietas brotarían plantas y musgos que se convertirían en árboles. Las casas y edificios comenzarían a destruirse a partir de los techos, en un período de 50 a 80 años colapsarían dejando todo a la intemperie. Los edificios más grandes tardarían quizás siglo y medio. Por ejemplo: los museos sufrirían con el aumento de agua y la humedad. Esto provocaría que prácticamente el arte se destruyera en su totalidad al convertirse ese entorno en un criadero de insectos y bacterias. Solamente las piezas de cerámica y barro sobrevivirían unas décadas en estas condiciones.

Un buen ejemplo del estado en el que terminarían nuestras ciudades son las ruinas mayas. Su civilización desapareció entre los años 800 o 900 A. C. La selva tropical devoró sus pirámides y edificios en 10 siglos. Si duraron tanto fue porque fueron construidas con piedra natural, no con cemento y acero. Más o menos un milenio después de desaparecer de la tierra así lucirían nuestras ciudades: edificios resquebrajados, llenos de humedad, plantas, musgos e insectos.

Aproximadamente 300 años después de nuestra desaparición del globo, se desplomarían los puentes, los árboles crecerían dentro de las casas, los lobos y coyotes buscarían presas en las grandes ciudades y el cielo estaría repleto de halcones y águilas.

Los materiales hechos por humanos que permanecerían intactos para entonces son:

  1. Los plásticos y el PVC, hasta que aparecieran microbios capaces de digerirlos.
  2. El bronce, una aleación de distintos metales muy resistente.
  3. El vidrio y su pariente sintético la fibra de vidrio, prácticamente indestructibles. Se han encontrado vestigios de que se fabricaba vidrio a orillas del Río Nilo 1,250 años A. C.
  4. Los elementos radiactivos de los misiles nucleares y las centrales nucleares se liberarían a la atmósfera 5,000 años después y se quedarían ahí milenios.
  5. El plomo exhalado por el tubo de escape de los automóviles que se impregna en el suelo, tardaría 35,000 años en disiparse.

Lo que respecta al reino animal, los primeros en desaparecer serían los animales domésticos: vacas, toros, bueyes, cerdos, gallinas, cabras, ovejas… Una regresión al ganado doméstico a sus antecesores silvestres parece bastante improbable.

Los caballos tendrían la posibilidad de sobrevivir. A pesar de que fueron domesticados, son animales que pueden adaptarse fácilmente a la vida salvaje (en la actualidad se pueden ver en Asia en estado silvestre). Un destino parecido podrían tener los burros. Los perros se las verían duras con los coyotes y los lobos, a pesar de que en algún momento pudieran darse cruzas entre ellos. Los gatos no son animales domesticables del todo, por lo tanto su instinto les permitiría convertirse en competidores de zorrillos y otros carnívoros pequeños.

Quienes, para sorpresa de muchos, no durarían tanto como se dice, son las cucarachas y las ratas. Ambas dependerían absolutamente del clima: si están en ciudades de clima frío, los edificios sin electricidad y calefacción las dejarían inermes y a merced de otros depredadores. En ciudades de clima tropical, las ratas podrían ser presa fácil para las aves rapaces, lobos y coyotes toda vez que no hubiera basura que comer.

El océano sería un lugar de aguas pobres en oxígeno, ricas en bacterias y medusas por culpa de los fertilizantes que recibe en la actualidad. Sin seres humanos, los mares dejarían de ser las cloacas del mundo. La mayoría de los depredadores marinos, ahora en declive, se recuperarían.

El mar tardaría unos mil años en absorber el 80% de todo el exceso de carbono que hemos echado a la atmósfera durante la época industrial. Recuperar íntegramente la atmósfera llevaría unos 300 mil años.

10 millones de años después de nuestra desaparición del planeta seguirían siendo reconocibles las estatuas de bronce y las enormes dunas viscosas de plástico.

Lo increíble es que 5 billones de años después de desaparecer la humanidad aún se podría encontrar un rastro nuestro en el universo: las ondas de radio y televisión. ¡Vaya legado!

Los datos aquí presentados fueron extraídos del libro El mundo sin nosotros (Editorial Debate, 2007) del periodista norteamericano Alain Weisman. La publicación es resultado de una profunda investigación realizada entre los especialistas más prestigiados del mundo científico, cuya conclusión me dejó perplejo:

Los héroes que mantienen viva nuestra civilización sin los operarios técnicos de mantenimiento de edificios, trabajadores que recogen la basura y limpian las calles, quienes impiden que el agua entre en los tejados, quienes trabajan en el mantenimiento de calles, puentes, túneles del metro y todos aquellos empleos mal pagados y cuyos trabajos están considerados injustamente como de “perfil bajo”. En palabras de Weisman, “sin ellos ocurriría un desastre, simplemente no tendríamos civilización”.

Félix Hompanera V.