Problemas de la guerra y la paz

Jul 22, 2014
Felix Hompanera V

Krishnamurti fue un maestro espiritual nacido en La India en 1895. No perteneció a ninguna organización religiosa, secta o nacionalidad, ni suscribía a ninguna escuela política o pensamiento ideológico. Se dedicó a viajar por el mundo y a hablar a grandes audiencias sobre la naturaleza de la mente y cómo llevar un cambio positivo en la sociedad global.

En 1945 impartió una charla pública en la ciudad californiana de Ojai, en la que aborda el tema de la guerra y la paz desde una perspectiva espiritual que bien vale la pena tener presente por los acontecimientos en el mundo actual. A continuación, te comparto los conceptos más importantes de aquella intervención.

Problemas de la guerra y la paz

Para crear nuevas formas de vida tendrá que operarse un cambio revolucionario en nuestro pensar-sentir. Habrá otra gran guerra, forzosamente la habrá, si continuamos pensando en términos de nacionalidades, de prejuicios raciales, de fronteras económicas y sociales. Si cada uno de nosotros considera realmente en el fondo de su corazón lo que hay que hacer para impedir una guerra, verá que tiene que dejar de lado toda idea de nacionalidad, la religión particular a la que pertenezca, su codicia (deseo o apetito ansioso y excesivo de bienes o riquezas) y su ambición. Si esto no se lleva a efecto, habrá una nueva guerra, pues estos prejuicios y el pertenecer a tal o cual religión son tan sólo expresiones externas de la ignorancia, del egoísmo, de la mala voluntad y de la concupiscencia (deseo ansioso de bienes materiales, apetito desordenado de placeres sensuales o sexuales).

Si deseáis realmente salvar de otra guerra a vuestros hijos, y por consiguiente a la humanidad, habréis de pagar el precio que corresponde: dejar de ser codiciosos y mundanos y no tener mala voluntad hacia ningún ser. Sólo si estáis dispuestos a libraros de la sensualidad, de la mala voluntad y de la ignorancia, salvaréis a vuestros hijos de una guerra. Para lograr la felicidad del mundo, para poner fin a los asesinatos en masa, tiene que producirse una completa revolución de los espíritus. Ella nos traerá una nueva moral que no se basará en valores sensuales sino en la liberación de toda sensualidad, mundanalidad y ansia de inmortalidad personal.

Todos nosotros tenemos la culpa de que continúen los horrores actuales. Son un reflejo externo de nuestra diaria vida interna, de nuestra diaria vida de codicia, mala voluntad, sensualidad, competencia, afanes adquisitivos y religión especializada. La culpa es de todos los que, entregándose a estas fuerzas, han engendrado esta espantosa calamidad. Se os ha enseñado a matar y a morir, pero no a vivir. Si de todo corazón aborreciéseis las matanzas y la violencia en cualquiera de sus formas, encontraríais el medio de vivir pacífica y creadoramente. Si deseáis acabar con las guerras, tendrá que producirse una revolución íntima y profunda de tolerancia y compasión.

Tenemos que reeducarnos para no asesinar, no liquidarnos los unos a los otros por causa alguna, por más justa que ella parezca para la felicidad futura de la humanidad, ni por ideología alguna por más prometedora que ella sea: nuestra educación no tiene que ser meramente técnica, pues ello inevitablemente engendra crueldad, sino que debe enseñarnos a contentarnos con poco, a ser compasivos y a buscar lo Supremo.

La prevención de estos horrores y destrucciones siempre en aumento depende de cada uno de nosotros; no de tal o cual institución o plan de reforma, no de ninguna ideología, ni de la invención de mayores instrumentos de destrucción, ni de ningún jefe o dirigente, sino de cada uno de nosotros. Para llegar lejos tenemos que empezar cerca. Para comprender el caos y la miseria mundiales, tendréis que entender vuestra propia confusión y dolor, pues de éstos provienen los más vastos problemas del mundo. No hay más jefe ni sistema que pueda poner término a la guerra, a la explotación y a la opresión, que vosotros mismos. Sólo con vuestra reflexión, con vuestra compasión y con el despertar de vuestro entendimiento, podrá establecerse la paz y la buena voluntad. No es posible alcanzar la paz y el orden si no es por medios ordenados y pacíficos.

En tanto que los valores sensorios predominen sobre el valor de lo eterno, habrá guerra. Lo que vos sois, eso es el mundo. Si sois nacionalistas, patriotas, agresivos, ambiciosos, codiciosos, sois entonces la causa del conflicto y de la guerra. Si pertenecéis a alguna particular ideología, a un prejuicio especializado -aún si se le llama religión- , seréis entonces la causa de la contienda y la miseria. Porque lo que vos sois es el mundo; vuestro problema es el problema del mundo. Sólo la buena voluntad y la compasión pueden traer orden y paz al mundo y no los políticos y los discursos.

Debéis pagar el precio de la paz. Ese precio es estar libre de concupiscencia y mala voluntad, mundanalidad e ignorancia, prejuicio y odio. Si hubiese tal cambio fundamental en vos, podríais contribuir a la existencia de un mundo pacífico y sano. Para tener paz debéis ser compasivo y reflexivo. Podréis no ser capaces de evitar la Tercera Guerra Mundial, pero podéis libertar vuestro corazón y mente de la violencia y de las causas que producen la enemistad e impiden el amor. Entonces en este mundo de oscuridad habrá algunos que sean puros de corazón y mente y de ellos tal vez venga a nacer la semilla de una cultura verdadera. Purificad vuestro corazón y mente, porque sólo por vuestra vida y acción puede haber paz y orden. No os perdáis y quedéis confusos dentro de las instituciones, sino mantenéos por completo sólo y sencillo. No busquéis meramente evitar la catástrofe, sino más bien que cada uno desarraigue profundamente las causas que alimenten el antagonismo y la contienda.

*Fuente: “Krishnamurti ante un mundo en crisis”, Editorial Orion. México, 1984.

Félix Hompanera V.