México es un adolescente

Sep 15, 2012
Felix Hompanera V

México es una nación joven. Tras 200 años de existir no ha logrado definir una identidad propia a pesar de ser uno de los países más ricos y diversos del mundo en todos los sentidos.

A nivel individual, la búsqueda de la identidad comienza desde el nacimiento, pero hasta los dos años de edad (en términos normales) el bebé se encuentra en un estado de simbiosis con su madre que le ayuda a satisfacer todas sus necesidades, tanto biológicas como psicológicas. Antes de los dos años, el bebé es incapaz de distinguir una diferencia entre su madre y él, así como tampoco la madre puede dejar de ver a su hijo como una extensión de sí misma. Esta etapa de dependencia es necesaria para garantizar la sobrevivencia del nuevo ser y su inclusión al mundo.

Para un bebé no es fácil darse cuenta que su madre no es parte de él mismo. De hecho el comienzo de ese proceso de individuación resulta traumático, pero a la vez es el primer paso hacia el desarrollo de su propio “yo”. Dicho en otras palabras, a partir de ese momento el bebé debe comenzar a encontrarse a sí mismo y la madre debe favorecer esa búsqueda. Lógicamente, el entorno en el que crece la criatura es determinante para la definición de su personalidad.

México ya atravesó esa etapa histórica en la que no se tenían claros los límites entre las culturas imperantes antes de la conquista y la que fue impuesta tras la caída de Tenochtitlán. La Colonia fue ese período simbiótico entre indígenas y españoles, donde los segundos pretendían ver como una extensión de sí mismos a los primeros. Tal y como la madre transmite al hijo su propio sistema de valores, su moral, sus costumbres, etc., los españoles lo hicieron con habitantes de estas tierras. Con el paso de las generaciones, ambas culturas se fusionaron y dieron paso a una nueva, de la misma forma en que sucede con la formación de la personalidad del infante.

Al llegar la adolescencia, las ideas de los padres que conformaban la estructura psíquica del joven se derrumban dando paso a la construcción de la verdadera identidad. Esto se logra tomando como base algunas cosas aprendidas anteriormente de ellos y de su entorno, y emprendiendo la aventura de experimentar nuevas alternativas hasta lograr encontrarse con sigo mismo. Esta etapa se caracteriza principalmente por la rebeldía contra todo aquello que tenga que ver con lo establecido, por la desubicación y la experimentación.

Como nación, hace 200 años que México se rebeló contra las ideas impuestas por la corona española. Tal y como le sucede a los adolescentes, el país buscó independizarse para buscar su propia identidad y destino. Lógicamente los primeros intentos de encontrarnos a nosotros mismos se hicieron viendo hacia afuera: en Francia, en Estados Unidos, en la misma España… Se hallaron algunas cosas valiosas que en manos de adolescentes se desvirtuaron y terminaron por confundir más a la naciente República Mexicana.

Un adolescente no tiene un proyecto de vida, sólo sabe que quiere ser diferente a sus padres. Lo mismo le pasa a México, 200 años después de su nacimiento continúa sin tener un proyecto de país. No sabe a dónde va y por lo tanto cómo llegar y quién lo llevará ahí. A la fecha y a pesar de la globalización, dejamos de buscarnos fuera y volteamos la mirada hacia adentro. Ese es un gran paso porque es el lugar adecuado para hallar la identidad propia. El problema es que al ver nuestro interior nos topamos con una realidad que no nos gusta y algunos pretenden derribar las instituciones que nos costó un par de centenas de años construir, en lugar de fortalecerlas con sus ideas y acciones.

Este mes conmemoramos un aniversario más de nuestra independencia y siguen flotando en el ambiente interrogantes como ¿quiénes somos?, ¿a dónde vamos?, ¿cómo vamos a lograrlo? Es tarea de todos lograr que nuestro país concrete el paso de la adolescencia a la juventud. Por mi parte, no tengo nada que celebrar y sí mucho por lo que trabajar.

Félix Hompanera V.

Publicado en la revista Perzonal en septiembre de 2012.