Educar para evolucionar

May 15, 2012
Felix Hompanera V

Es época de promesas. Ahora es cuando todos los políticos que buscan un cargo de elección popular, no sólo los cuatro que buscan la presidencia, ofrecen todo aquello que la ciudadanía considera importante para mantener o incrementar su nivel de vida. Aunque la mayoría parece tener graves problemas de memoria (en cuanto toman posesión del cargo olvidan todo lo que prometieron), en esta época hacen alarde del compromiso que tienen con su comunidad, principalmente, en cuatro rubros: seguridad, empleo, salud y educación. Sin embargo, la sustancia en el discurso de los candidatos es muy pobre, casi nula. Todos dicen qué, pero ninguno dice cómo.

Las encuestas (y el sentido común) definen estas cuatro áreas como las principales en los intereses de los mexicanos. Para casi todos resulta muy obvio el impacto social de los avances o rezagos en materia de seguridad, empleo y salud, pero para muchos la educación no representa una variable prioritaria cuando se piensa en el bienestar individual y social. Para ellos, la educación no es más que ir a la escuela a memorizar información inútil y, si acaso,  adquirir “buenos modales”. En esos casos, la educación corre a cargo de un seno familiar disfuncional, la televisión y las calles. Muy pocos ven a en la escuela una oportunidad de desarrollo humano integral. ¿Y cómo culparlos si cada vez representa menores beneficios tener un título profesional?

Mucho se ha hablado sobre los problemas en materia de educación y por lo general se termina señalando como responsables a los mismos actores: gobernantes, secretarios de educación pública, líderes sindicales, maestros “hueseros”, programas estructurados para formar trabajadores en vez de líderes, empresarios que ven en la educación un gran negocio y no un compromiso, padres de familia inmaduros que se niegan a aceptar la responsabilidad de educar a sus hijos y la endosan a maestros y directivos escolares, medios de comunicación que producen contenidos paupérrimos que “maleducan” a la población mientras la “entretienen”, etc.., pero poco se habla de los alumnos. Se dice que “no hay malos alumnos, sino malos profesores” pero esto es subjetivo y, por lo tanto, inexacto. Es verdad que muy poco puede hacer un estudiante cuando quien está parado frente a él dentro del aula no tiene el menor interés, la preparación suficiente o la experiencia necesaria para transmitirle la necesidad de aprender, de cuestionarse, de introspectar y socializar funcionalmente, de desarrollar otros esquemas de pensamiento, de investigar diversas fuentes para hacerse de un criterio propio, de aplicar de manera práctica aquello que enseña la teoría, de ayudarle a generar ideas y a darles el cauce adecuado, de escuchar sus inquietudes y guiar sus reflexiones, etc. No obstante, aquellos cuya vocación y trabajo encajan en la definición de “buenos maestros”, se encuentran con alumnos que dejan mucho que desear y, por mi experiencia en ambos lados del pupitre, en cada generación hay más alumnos que buscan cursar una carrera para ganar dinero a cambio del menor esfuerzo. La apatía, la indiferencia y la pereza mental flotan en la atmósfera de las aulas donde “se preparan” las generaciones que guiarán a nuestra civilización a la siguiente era.

La postmodernidad nos devoró y con tristeza y preocupación veo que no hay líderes legítimos, sólo héroes falsos creados por el sistema (gobiernos, medios, religiones y mercados) para continuar beneficiándose a nuestras costillas.  El desarrollo interior es la clave para desarticular a este monstruo. Los seres integrados y evolucionados no son manipulables. Eduquémonos mirando para adentro y construyamos el mundo libre donde merecemos vivir.

Félix Hompanera V.

Publicado en la revista Perzonal en mayo de 2012.