Trabajo en equipo

Ene 20, 2012
Felix Hompanera V

La época actual se caracteriza por la individualidad, el consumo y el narcisismo. A pesar de que la globalización, los medios de comunicación, internet y la telefonía móvil generan la sensación de cercanía, las personas están más solas que nunca. Para Miguel Benasayag, “el individuo ocupa el centro de nuestro mundo, pero está solo, porque no es más que un individuo serializado”. Esta estandarización social e individual producto de la cultura actual, genera una severa crisis de identidad. Lo paradójico es que todo aquel que desee hacerse merecedor de una oportunidad para trascender social, laboral o económicamente, tendrá que diferenciarse de los demás.

Para quien se encuentra en búsqueda de empleo, la diferenciación es fundamental para concretar sus aspiraciones. ¿Te has puesto a pensar el motivo por el cual te elegirían entre los más de doscientos aspirantes a la vacante de tu interés? Si quieres tener éxito en tu próxima entrevista será mejor que lleves una respuesta convincente a esta pregunta. Pero a pesar de que algún reclutador logre interesarse en aquello que puedes aportar a la empresa como ningún otro candidato, una vez dentro de la organización tendrás que dejar de lado estos valores agregados a fin de adaptarte a un sistema de trabajo establecido y compartido con el resto de miembros de la organización, es decir, pasarás a formar parte de un equipo de trabajo estandarizado que persigue objetivos en común.

Cada empresa sigue una metodología (en consciencia o no) para que los integrantes de un equipo de trabajo alcancen metas definidas por la dirección, pero muy pocas se ocupan de favorecer un ambiente que propicie una interacción funcional entre ellos. Al decir “relación funcional” quiero dejar claro que del vínculo que se establece entre compañeros de trabajo no siempre resulta una relación, incluso, que no necesitan caerse bien o ser amigos(as) para poder convivir sanamente y cumplir con las tareas que les fueron asignadas.

Existe la expectativa de que un grupo de trabajo sólo puede funcionar si las personas que lo integran se llevan bien, son solidarias, tienen empatía, etcétera, pero esto no necesariamente es así, incluso, no siempre es deseable. Por ejemplo: un equipo de futbol americano profesional está formado por sujetos que tienen un origen y educación distinta; gustos, costumbres e incluso razas diferentes que pueden establecer marcadas diferencias entre ellos. Fuera del campo de juego pueden comportarse como completos extraños, pero eso no impide que se esfuercen por dar el máximo que les permita enfrentarse a todo tipo de adversidades para ganar partidos y campeonatos. Quizás terminando la temporada cada uno retoma su estilo de vida sin volver a tener contacto con sus compañeros hasta la siguiente pretemporada, pero dentro del campo de juego son capaces de dar la vida por el equipo, de defenderse a mansalva de los rivales, de apoyarse en las derrotas y de celebrar juntos los logros personales y grupales. Los equipos ganadores, en el deporte y en la vida misma, son aquellos que logran desprenderse de su ego y poner al servicio del equipo y sus objetivos lo que saben hacer mejor, los valores agregados por los cuales fueron seleccionados.

El ingrediente indispensable en cualquier grupo funcional es la comunicación asertiva. La asertividad puede entenderse como la habilidad para transmitir y recibir los mensajes de sentimientos, creencias y opiniones propias y de los demás de una manera honesta, oportuna y profundamente respetuosa.

El elemento más importante de la comunicación asertiva es el respeto, tanto a uno mismo como a los demás. De él se desprenden una serie de habilidades que conforman este funcional tipo de comunicación, tales como dirigirse a los demás de manera directa, con honestidad y en un tono apropiado. Identificar en uno mismo y en los demás emociones como enojo, miedo, tristeza, etcétera, resulta fundamental. Pero la mayor parte de las veces no basta con reconocerlas, además se deben manejar y canalizar adecuadamente para evitar el desgaste del vínculo interpersonal y el enturbiamiento del ambiente de trabajo. Aprender a decir “no”, a reconocer los errores propios, a escuchar y a ser positivo, puede beneficiar la convivencia y generar una atmósfera de naturalidad entre los elementos que constituyen el grupo.

Desarrollar estas habilidades y abrirse a una retroalimentación constructiva permanente, dará como resultado, por un lado, la realización personal y el fortalecimiento de la identidad propia, y por otro, la cohesión del equipo y el logro de los objetivos individuales y organizacionales.

Félix Hompanera V.

Publicado en la revista Mejores Empleos en enero de 2012.