Placer, Inc.

Dic 10, 2011
Felix Hompanera V

Vivimos en una época caracterizada por la individualidad, el consumo y el narcisismo. Tras la caída del Muro de Berlín y la instauración del capitalismo como el sistema económico mundial, el sentido de la existencia humana se centró en la acumulación de bienes materiales. En el último siglo, el ser ha sido desplazado por el tener al grado de reducir nuestra esencia a la apariencia.

La hipercomunicada aldea global en que se convirtió el mundo en las últimas décadas, estandarizó el consumo en todo el mundo y a la par de ello la identidad de sus habitantes. A pesar de la homogeneización de la humanidad y de la posibilidad de cercanía que nos brinda la tecnología, los seres humanos cada vez establecemos menos contacto entre nosotros. La interacción entre las personas se da a través de dispositivos electrónicos y los vínculos que se establecen son frágiles, impersonales y carentes de compromiso.

Mediante el consumo, la sociedad narcisista trata de evitar a toda costa la angustia, aunque ésta sea producto del crecimiento, el desarrollo interior y la madurez, lo que conlleva a una búsqueda afanosa de todo aquello que favorezca la obtención de placer. Esta necesidad de placer corresponde a un estadio muy primario del desarrollo humano, es decir, el instinto animal con el que la naturaleza dotó a la raza humana y que resulta fundamental para su supervivencia: respirar, llorar, succionar, tragar, etcétera. En los primeros meses de vida el ser humano se dedica a dormir, comer y “jugar”, o lo que es lo mismo, a obtener placer. Son precisamente los problemas propios de estar en el mundo quienes fungen como detonador del uso de la razón, y ésta, se convierte en la herramienta más poderosa para iniciar la construcción de la personalidad.

Una sociedad conformada por individuos que limitan el uso de la razón a satisfacer sus necesidades más primitivas, representa el entorno ideal para el sistema económico actual que no tiene empacho en vender soluciones superficiales que “remedian milagrosamente” heridas muy profundas en la psique humana. La industria es, en su mayoría, una enorme fábrica de productos y servicios que sirven para lidiar con el angustiante proceso de madurar y el mercado está configurado para encontrar la felicidad o el sentido a la vida en un centro comercial, en un bar, en un salón de belleza, un gimnasio, un motel, una cafetería o en el burdo contenido de la mayor parte de canales de televisión, estaciones de radio, salas de cine y páginas web.

No es mi intención reprobar las experiencias placenteras. No sólo son fundamentales, sin ellas la experiencia de vida sería un calvario. Mi reflexión está orientada hacia la posibilidad de que descubrirse uno mismo y aceptar lo que se es, pueda ser vista como la fuente primaria de placer de la cual surja la necesidad de satisfacer deseos más reales, maduros y edificantes. El placer por el placer representa un obstáculo muy importante para la evolución de la raza humana, ya que se trata de una conducta irracional que satisface instintos muy primitivos. Hago la invitación a disfrutar en consciencia esta temporada repleta de ocasiones placenteras y a evaluar la aportación de las mismas al desarrollo y fortalecimiento del verdadero yo.

Félix Hompanera V.

Publicado en la revista Perzonal en diciembre de 2011.