El arte de estar contigo

Oct 15, 2011
Felix Hompanera V

El ser humano es un animal social. El contacto e intercambio con otros seres de su especie resulta crucial para su desarrollo psíquico y la evolución de su espíritu. En el auge de la Era de la Información pareciera utópico aislarse del resto de habitantes del planeta. Paradójicamente, el exceso de canales que existen en la actualidad para establecer contacto con otros seres representa un factor de lejanía. Las relaciones interpersonales son cada vez más superficiales. La interacción entre las personas es virtual y los vínculos que se establecen carecen de los elementos más básicos de intimidad. A pesar de la hiperconectividad, impera el individualismo.

Tras la llamada “Revolución de Terciopelo”, se estableció una complicidad entre gobiernos, corporativos y medios de comunicación que favorecen la formación de un yo ideal por encima del real, es decir, en el mundo de hoy se privilegia el placer en cualquiera de sus manifestaciones sobre algunos valores humanos fundamentales. El ser fue desplazado por el tener.

Este contexto egoísta donde se busca satisfacer las propias necesidades sin tomar en cuenta las de los demás, aleja a las personas y las enfrenta a uno de los miedos más enraizados en la cultura de la época actual: la soledad, entendida no como la necesidad de estar siempre acompañado, sino como una continua evasión de la presencia de uno mismo.

El desarrollo tecnológico ha permitido que se produzcan todo tipo de distractores que mantienen la atención lejos de lo que pasa en nuestro interior, dando la sensación de compañía, sentido de pertenencia a determinados grupos sociales, reconocimiento y, en ocasiones, popularidad. Es decir, sirven para disfrazar el hecho de que nacemos solos y moriremos solos.

Aquella persona que no teme estar consigo misma carga a cuestas la pesada opinión negativa de los demás que interpretan la soledad como sinónimo de exclusión o abandono, dando la sensación de que un importante sector de la sociedad no considera que una persona pueda experimentar una profunda soledad en medio de una muchedumbre o rodeada de su familia, amigos o pareja.

Alcanzar la felicidad es el objetivo de la raza humana, sin embargo el mundo en el que vivimos nos enseña a buscarla fuera de nosotros. El autoconocimiento es el camino para fortalecer el yo de cada quien y la mejor vía de desarrollo y diferenciación en la “gran aldea de individuos producidos en serie” producto de la globalización. Buscar momentos para estar con uno mismo es la única vía para interrogarse y evaluar los propios deseos, lo que sirve para reforzar la identidad y dotar de un significado nuestra existencia. Estar con uno mismo permite consolidar la individualidad y el criterio propio, así como la autocrítica y la libertad al aprender a amarse a sí mismo lo suficiente para que la felicidad no dependa de otros.

En una era donde cada vez se concede menos importancia al prójimo y se elude el compromiso de la construcción real de vínculos interpersonales positivos, resulta muy necesario concederse a sí mismo y a los demás una dosis de soledad para poder encontrar interiormente las respuestas necesarias para disfrutar lo más posible la aventura de existir.

Félix Hompanera V.

Publicado en la revista Visión Universitaria en el Otoño de 2011.