Universitarios, M. R.

Dic 03, 2010
Felix Hompanera V

“Si una persona quiere tener éxito en la vida debe considerarse una marca y actuar en consecuencia”. Al Ries

La configuración del mundo ha cambiado drásticamente en las dos últimas décadas. El nivel de progreso tecnológico alcanzado ha impactado nuestra vida cotidiana a tal grado que hasta los refranes populares se han visto afectados: hasta hace veinte años se creía que el grande se comía al chico o que el fuerte dominaba al débil; en la actualidad es el rápido quien devora al lento.

A pesar de conflictos armados y diferencias políticas que dividían el planeta, éste solía ser un lugar agradable para los seres vivos y lo suficientemente tranquilo como para poder leer una revista sentado en el baño de tu casa.

El ritmo actual exige pensar, sentir y actuar a gran velocidad: en un día común se genera más información que en el siglo VI de la Edad Media; la oferta sobrepasó por mucho a la demanda; Internet se convirtió en una “madre sustituta ultra dadivosa” que satisface cualquiera de nuestros caprichos en cuestión de segundos y la trascendencia del “ser” se determina en proporción al “tener”.

Un buen día el mundo se convirtió en un mercado donde seis billones de “productos-humanos” compiten por las mejores oportunidades de empleo, de salario, de pareja y de todo aquello que la cultura determina como artífice del bienestar, y tras derribar la máscara de la “competitividad” que sólo exige perfección a quien pretende obtener y/o mantener su empleo, comenzó a gestarse en la consciencia colectiva la necesidad de diferenciarse de los demás para obtener un lugar propio en un mundo ansioso por devorarnos.

La mercadotecnia y la publicidad son dos poderosas aliadas de la modernidad, cuya efectividad no puede estar en tela de juicio. Buena parte de esa efectividad radica en que los productos que anuncia están diseñados para rellenar tremendos huecos emocionales causados por la carencia de identidad propia. Estas disciplinas han logrado incorporar a nuestras vidas hábitos, conductas, sensaciones, emociones, experiencias y deseos que sirven como poderosos paliativos de nuestra pobreza existencial.

Una marca exitosa es la comunica valor y crea en la mente del consumidor un escenario al que desea pertenecer. Los universitarios de hoy son la base de la sociedad del mañana y los encargados de crear escenarios dignos para el desarrollo político, económico, empresarial, cultural y social de nuestro país. Sus ideas deben generar valor tanto en la gente de campo como en la de ciudad. En la medida en la que trabajen en la arquitectura de su propia marca, de su “yo-marca”, tendrán una mayor oportunidad de trascender personal y profesionalmente.

Uno de los mejores creativos publicitarios de todos los tiempos, el catalán Marçal Moliné, afirmó alguna vez que “las marcas, para que sean marcas y no sencillamente nombres, han de ser como personas”. Yo me atrevo a afirmar que en el mundo actual “las personas, para que sean personas y no sencillamente nombres, han de ser como marcas”.

Visión Universitaria nunca ha pretendido ser un espectador más, sino un actor en el desarrollo del talento de los universitarios. Es por ello que a partir de este número publica esta columna como una apuesta por brindar a sus lectores -estudiantes y docentes-, herramientas para convertirse en los directores creativos de la mejor versión de sí mismos y de esta manera transformar vidas ordinarias en existencias extraordinarias.

Félix Hompanera V.

Publicado en la revista Visión Universitaria en el invierno de 2010