¿Las madres solteras son mujeres incompletas?

Nov 21, 2010
Felix Hompanera V

En México existen más de 2 millones de madres solteras (CONAPO) que todos los días se esfuerzan para dar lo mejor de sí mismas como madres, hijas, empleadas y amas de casa. Las particulares circunstancias en las que viven las obligan a relegar sus necesidades individuales, sociales, sexuales y hasta espirituales.

Para una madre soltera representa toda una encrucijada establecer prioridades: por un lado tienen la responsabilidad de sacar adelante a sus hijos, de procurarles todo lo que necesitan para un sano desarrollo, de ser un ejemplo para ellos, de brindarles una buena educación, tiempo de calidad, buena comunicación, paciencia y tolerancia. Esto por sí mismo representa todo un reto que demanda tiempo, responsabilidad y compromiso. Pero las cosas se complican cuando esta madre tiene que salir a trabajar para poder hacer frente a los gastos. Algunas optan por un trabajo de medio tiempo para aprovechar las horas que pasan los hijos en la escuela, lo cual representa un ingreso bajo. Otras trabajan turnos completos (y algunas hasta dobles) para procurar un mayor ingreso que desahogue un poco la angustia de llegar a fin de mes, pero al hacerlo dejan a sus hijos hasta las seis de la tarde en la escuela o en casa de sus abuelos, delegando en maestros y abuelos la educación de los hijos.

Las madres solteras jóvenes tuvieron que dejar los estudios y eso les impide acceder a fuentes de empleo mejor remuneradas, por lo tanto, vivir en casa de sus padres se convierte en la mejor alternativa para salir a trabajar por la mañana y retomar los estudios profesionales por la noche. Estas mujeres tienen jornadas de 16 a 18 horas de trabajo por unas 4 ó 5 horas de sueño. Eso sin contar con la frustración que les provoca tener que ceder ante todas las ideas, creencias y decisiones que toman los padres con respecto a ellas y a sus hijos. Y es que llegan a sentirse comprometidas (y en ocasiones culpables) por el apoyo que les brindan los padres al cuidar a los nietos, al permitirles vivir en su casa y al prestarles algo de dinero de vez en cuando para completar los gastos.

Ante estas circunstancias, la necesidad de “ser mujer” de las madres solteras se sustituye por la de “ser madre” y al tomar consciencia de ello, les sobreviene una gran frustración producto de saberse al final de su lista de prioridades.

La mayor parte de estas mujeres no se enfrentaron adecuadamente a la pérdida que implica la separación de la pareja; relegaron los sentimientos de dolor, tristeza y enojo para evitar mayor sufrimiento a los hijos e hicieron un esfuerzo sobrehumano para poder continuar con sus largas jornadas. No es extraño que todo esto provoque enojo que termina manifestándose contra la figura de la pareja que ya no está, situación que puede ser muy delicada cuando se desahoga delante de los hijos.

Para una madre soltera resulta motivo de culpa tomar una siesta el fin de semana, aceptar una salida al cine, a tomar una cerveza un viernes después del trabajo o abrirse a la posibilidad de tener una pareja, ya sea romántica o sexual. Los padres están cansados de cuidar a los nietos todo el día, ya son personas mayores con achaques y que no pierden oportunidad para exigir mayor responsabilidad a su hija y tiempo de calidad para sus hijos (todo esto acompañado con los consabidos reclamos como “si me hubieras hecho caso cuando te decía que no te convenía nada ese mequetrefe, todo esto no estaría pasando”).

Del otro lado están los hijos. Se sienten abandonados por el padre y tienen miedo de que su madre no regrese más cada vez que los deja en la escuela o en casa de los abuelos. Por naturaleza los niños demandan la atención de la madre, pero esta demanda se incrementa cuando se sienten inseguros ante lo que ellos interpretan como una amenaza constante de abandono. Es por eso que resulta común que se muestren celosos ante los amigos de la universidad de la madre, los compañeros de trabajo y no se diga ante la figura, real o potencial, de una pareja.

Recordemos que estas mujeres aún no se recuperan de la separación del padre de sus hijos, por lo tanto su autoestima se encuentra lastimada y una serie de emociones no del todo claras revolotean como mariposas en su interior. Es por ello que tienden a rehuir a cualquier relación que implique intimidad: amistad cercana, noviazgo y/o sexualidad. Su estado de ánimo se ve íntimamente influenciado por el de sus hijos y su vida toma sentido en la medida en la que reciben satisfacciones provenientes de ellos: “te quiero mami”, “feliz día de las madres, ¡eres la mejor mamá del mundo!”, “le informo señora que su hijo fue seleccionado para representar a la escuela en el concurso nacional de matemáticas”, etc.

Cuando un avión se despresuriza, se recomienda que los adultos coloquen primero su máscara de oxígeno y después ayuden a los niños y otras personas a colocar la suya; es decir, primero tenemos que salvar nuestra propia vida para poder ayudar a los demás. En la vida de las madres solteras funciona igual: para poder sacar adelante a sus hijos, primeramente deben salir adelante ustedes. Recuperar su individualidad, su paz interior, su “ser mujer” es una tarea fundamental para fortalecerse y salir adelante en un entorno desfavorecedor, pero mostrar esa fortaleza a sus hijos, escuchar sus miedos y comunicarse veraz, abierta y cariñosamente con ellos, puede ser la clave para reforzar su autoestima y darles la seguridad que necesitan para desarrollarse adecuadamente. La congruencia con la que se majen con ellos puede ser fundamental para enseñarles a abrirse paso en la vida. Renueven su compromiso personal de lograr sus objetivos y que esto sea motivo de realización y de inspiración para ustedes y para sus hijos.

Reciban todo mi cariño, admiración y respeto todas las madres solteras que siguen este espacio. Su gran sensibilidad, su alto sentido de responsabilidad y su voluntad inquebrantable son un ejemplo que aporta un gran valor a una sociedad en vías de reconstrucción como la nuestra.

Félix Hompanera V.