Sexo al descubierto

Oct 20, 2010
Felix Hompanera V

En el post anterior reflexionaba sobre la natural e inevitable nostalgia que provocan los tiempos pasados. A raíz de un documental transmitido en Canal 22 en el que se aborda el tema de varones estadounidenses de raza negra y latina con una “doble vida” (aquellos que ante la sociedad tienen una relación “formal” con una mujer, pero mantienen en secreto encuentros sexuales con otros hombres), recordaba la difícil época en la que viví el comienzo de exploración de mi sexualidad.

Estudié alrededor de 11 años en escuelas con filiación católica y de puros varones. En mi casa jamás se habló de sexualidad y cuando se fugaba algo sobre el tema, inmediatamente era descalificado por mi madre como algo inmoral y por mi padre con su indiferencia. Al igual que yo, ellos también crecieron en entornos donde no hubo una educación sexual adecuada y era de esperarse que replicaran posteriormente esas carencias. Sumemos a este panorama la aparición del SIDA cuando me encontraba en plena etapa de pubertad y el terror que provocaba a los adultos pensar que esta “epidemia” podría ser uno de los jinetes del apocalipsis.

En la mayoría de las casas parecían hacer caso omiso sobre el tema, sólo se comentaba veladamente durante las sobremesas en las reuniones familiares cuando los niños y jóvenes no estaban cerca. En mi escuela el tema era abordado desde una perspectiva religiosa que satanizaba las relaciones sexuales y prohibía terminantemente el uso de preservativos. La fórmula usada por los señores de la sotana era muy simple e inminentemente manipuladora: sexo es igual a SIDA, SIDA es igual a muerte, muerte por SIDA es igual a condena en el infierno. Por su parte, los medios de comunicación controlados por el sistema y su “cercanía institucional” con la iglesia católica, únicamente transmitían información “verificada oficialmente” para evitar alarmar a la población y hacían hipótesis carentes de fundamento y que atentaban los derechos humanos de homosexuales y usuarios de drogas inyectables, al responsabilizarlos directamente por la propagación masiva del virus.

Ante este difícil entorno, toda una generación a nivel mundial tuvimos que buscar a ciegas nuestra identidad sexual y vivir nuestras primeras experiencias sin mayor información que la reunida en charlas informales con otros jóvenes inexpertos igual que uno. Cada quien hablará como le fue en la feria, pero hubo muchos casos que se mantuvieron fuera de la difusión de los medios en los que adolescentes se quitaban la vida al quedar embarazadas, al verificar clandestinamente que habían contraído el VIH y/o al aceptar interiormente su homosexualidad. La carencia de información por parte de las autoridades de la salud, la desinformación provocada en los medios de comunicación y la doble moral imperante en la sociedad, hicieron que muchos cometieran errores que los marcarían de por vida y que otros experimentáramos nuestra sexualidad cargados de tabúes y complejos.

Me resulta altamente gratificante encender la televisión y ver programas 100% mexicanos tan bien producidos, dirigidos, escritos y actuados como “X-Y”, “Bienes raíces” (ambos del Canal 11) y “Las Aparicio” (Canal 28), en los que se abordan sin tapujos y sin censura situaciones sociales tan comunes como la pérdida de la virginidad, una liberación sexual responsable de la mujer, la infidelidad matrimonial, relaciones poliamorosas, relaciones homosexuales, etc., que confrontan las ideas de determinado público usando argumentos muy documentados y en una atmósfera de apertura y tolerancia. Si bien la “caja idiota” ha sido una herramienta de manipulación y de control a lo largo de la historia, estos programas (y algunos otros de origen extranjero transmitidos por estos canales y por el Canal 22) informan a través del entretenimiento, aportan una visión más objetiva de la sociedad en la que vivimos y rompen con lo establecido brindando herramientas útiles para la reflexión de personas que por la cerrazón de su entorno no tienen otra manera de obtenerlas. Quienes apuestan por este tipo de proyectos cumplen con la misión de un medio tan poderoso como la televisión, justifican su existencia y merecen ser reconocidos por la sociedad.

En mi época muchos jóvenes vivimos con la necesidad de ser escuchados y aconsejados, otros morían producto de la ignorancia y el prejuicio social mientras la televisión mostraba como Pancho trataba de enamorar a Maricruz en “Quinceañera”, o Maria Joaquina despreciaba a Cirilo en “Carrusel”. Celebro que existan nuevos espacios que motiven el pensamiento humano y que pongan a debate temas tan importantes para el desarrollo físico, mental, emocional y espiritual de nuestra raza. Sólo rompiendo nuestros propios paradigmas individuales llegaremos a trascender como sociedad.

Félix Hompanera V.