Amor y muerte

Oct 28, 2010
Felix Hompanera V

El filósofo danés Sören Kierkegaard desarrolló la idea de que el temor a la muerte es lo que mayor angustia genera a los seres humanos. Al no poder evitar la muerte, intentamos evitar la angustia “distrayendo a nuestra mente” con cosas que nos permitan vivir alejados de la idea de que en cualquier momento podemos morir.

La vida moderna nos ofrece una infinita cantidad de placebos para esa angustia: ropa, automóviles, fragancias, accesorios, alimentos, gadgets, espectáculos, entretenimiento, interacción permanente, etc.; sin embargo, la gran mayoría de las ocasiones utilizamos todo lo anterior para atraer a nuestra forma favorita de reprimir la angustia a la muerte: la pareja, aunque, paradójicamente, en ocasiones ésta nos represente una muerte simbólica al cederle el control de nuestro “ser” y nuestro “hacer”.

Una de las causas de nuestro miedo a la soledad puede ser esa angustia a la muerte inconsciente que emerge cuando no estamos rodeados de distractores. La tecnología se ha encargado de “evitar que pensemos en ello” y nos ha puesto en contacto permanente con otras personas por medio de las redes sociales, el teléfono celular, reproductores de música, libros electrónicos, conexión ilimitada a internet, televisión en el transporte público y todo aquello que mantenga ocupada a nuestra mente la mayor parte del tiempo.

Por otro lado, nuestra naturaleza social nos obliga a buscar un lugar en el mundo y hoy en día ese lugar lo otorga el éxito, la apariencia y las posesiones materiales. El “ser” ha sido desplazado por el “parecer” y por el “tener”. Luego entonces el físico y la vestimenta (con peinados, accesorios, aromas y vehículos incluidos), cobran una importancia sublime para describirnos tácitamente ante los diversos grupos que conforman la sociedad y, por supuesto, ante el gran mercado sexual.

La familia, los amigos, la pareja y el trabajo son temas de interés para cualquier persona. Los seres humanos encontramos buena parte de nuestra felicidad cuando estas variables se encuentran bien equilibradas. Pero con frecuencia olvidamos que la más importante es uno mismo y le damos significado a nuestra vida sólo cuando se encuentran otras personas en ella, por lo que tendemos a olvidamos de nosotros para estar con otros y justificar así nuestra existencia.

La búsqueda del amor de pareja se ha convertido en el proyecto de vida de muchas personas y en el negocio de una gran cantidad de empresas y corporaciones. No obstante cuando el amor llega se enfrenta con el vacío de dos personas que están buscando sentirse llenas con la presencia de la otra, pero que no tiene nada que darle a cambio porque se dedicó a buscar en otros lo que nunca quiso encontrar en su interior. El amor se encuentra con dos seres que tienen altas expectativas en el otro pero no en sí mismos, y que cuando dichas expectativas no se cumplen, el interés que los unía, disfrazado de amor, se transforma en agresión.

En la Encuesta Nacional de Violencia en el Noviazgo 2010 realizada por el Instituto Nacional de la Juventud y aplicada a más de 7 millones de jóvenes entre 15 y 24 años, reveló que el 15% ha sido objeto de violencia física por parte de su pareja, el 76% de violencia psicológica y el 16.5% de violencia sexual. Aunque las mujeres siguen siendo el mayor número de víctimas de episodios de violencia (64%), cada día se equilibra más la cifra con relación a los hombres que sufren de ella (46%).

Estos datos sólo representan la punta del iceberg, pero evidencian una realidad: estamos buscando nuestra felicidad en el lugar equivocado y de la manera equivocada. Si bien una pareja puede ser un maravilloso complemento para la vida de cualquier persona, no debe ser vista como la solución a todos los problemas generados en su pasado o como un “parche contra el dolor” que durará toda la vida y estará ahí incondicionalmente.

Hay que entender que todo amor es eterno sólo mientras dura. Lo verdaderamente importante en el proceso es tomar consciencia de uno mismo y adaptarse a los cambios por los que atraviesa una pareja: de extraños a conocidos, de conocidos a amigos, de amigos a confidentes, de confidentes a amantes, de amantes a socios y de socios a compañeros. El tiempo que dure es lo de menos, lo que importa es la intensidad y la responsabilidad con la que se viva.

Cuando entregamos el cuerpo y el alma a otra persona nos quedamos sin nada cuando se va; por eso es que morimos lentamente cada vez que eso sucede e, irremediablemente y como consecuencia de ello, aparece la angustia a la que hacía referencia Kierkegaard. “La verdadera tragedia del ser humano es que amas a alguien que, igual que tú, se va a morir”, decía Octavio Paz.

Amor y muerte son parte de la manifestación natural del equilibrio que impera en el universo. Debemos aspirar a buscar también equilibrio entre la plenitud generada por fuentes interiores con la generada por situaciones y/o personas en el exterior, de manera que la muerte forme parte de nuestra motivación por vivir, en lugar de morir en vida en el abandono de nosotros mismos. Ya lo decía Concepción Arenal: “sustituir el amor propio con el amor de los demás, es cambiar un insufrible tirano por un buen amigo”.

Félix Hompanera V.