¿Jefe o líder?

Sep 09, 2010
Felix Hompanera V

Varias personas a las que considero muy valiosas y sumamente capaces, se han quejado conmigo últimamente de la pésima relación laboral que tienen con sus jefes. En algunos casos se ha vuelto tan hostil que manejan un nivel de estrés y frustración insostenibles.

Sabemos que existe una enorme diferencia entre un “jefe” y un “líder”: el jefe ordena, el líder sirve; al jefe lo imponen, al líder lo eligen; el jefe manda, el líder enseña; el jefe inspira miedo, el líder inspira confianza; el jefe sanciona, el líder corrige; el jefe asigna los deberes a las personas a su cargo, el líder trabaja con y como los demás; el jefe piensa en su éxito, el líder piensa en el éxito del equipo; el jefe hace del trabajo una carga, el líder un privilegio; el jefe sabe cómo se hacen las cosas, el líder enseña a hacer las cosas; el jefe maneja al personal, el líder entrena a un equipo de trabajo; el jefe se rodea de gente obediente, el líder transforma gente ordinaria en seres extraordinarios.

Lamentablemente existen pocos líderes en todas las esferas sociales: la empresa, la familia, el gobierno, el deporte, la comunidad, la religión, la cultura, etc. El poder que se asocia al nivel jerárquico corrompe a las personas y las ciega de tal forma que les impide apreciar las verdaderas necesidades humanas. Las carencias emocionales y los asuntos no resueltos del pasado, hacen de los jefes un foco de infección para quienes les rodean, especialmente para sus subordinados, llámense empleados, alumnos, hijos, ciudadanos y/o feligreses.

Todos los seres humanos nos relacionamos constantemente o de manera simétrica o de manera complementaria. En una relación complementaria existen dos posiciones distintas: un participante ocupa una posición superior o primaria, mientras el otro ocupa la posición inferior o secundaria. Esto no quiere decir que uno sea más que el otro, sino que la posición de “superioridad” o de “inferioridad” puede estar establecida por el contexto social o cultural en el que se da la relación, por ejemplo: madre e hijo, médico y paciente, maestro y alumno, jefe y empleado, etc.

Hay personas que se sienten inferiores o menos que los demás cuando ocupan la parte secundaria de la relación y permanentemente están buscando situarse en la parte de mayor jerarquía. Normalmente esta “escalada” se da de forma violenta y abusiva: gritando, ofendiendo, controlando, manipulando, descalificando, acusando, rivalizando, etc. Esta “escalada” (que la mayoría de las veces se genera a nivel inconsciente) suele tan obsesiva, que se convierte en algo patológico. Quienes crecen en ambientes donde no se respetan los roles establecidos en las relaciones complementarias, suelen ser personas muy agresivas, manipuladoras y sumamente conflictivas.

Cuando te toca estar en la parte inferior de la relación complementaria (insisto, eso no quiere decir que seas menos que nadie y que no hay nada que te impida fijar límites y exigir respeto), lo mejor es que adoptes de manera humilde tu posición y hagas las cosas que te tocan de la mejor manera, cumpliendo con lo que se te pide y dejando que la persona que se encuentra en la posición superior se haga responsable de la toma de decisiones y de sus consecuencias. Puedes aportar con tu punto de vista, siendo proactivo y buscando cohesionar el equipo para que las cosas funcionen de la mejor manera.

A la par, puedes ocupar un lugar de liderazgo ante otras personas, por ejemplo: si eres gerente de un área seguramente tendrás a un director por encima de ti en el organigrama, pero también tendrás a ejecutivos a tu cargo; o bien, ante tus padres estás en la posición inferior, pero ante tus hijos ocupas la superior. Es en esta posición cuando debes comportarte como un líder sin importar el contexto social del que se trate.

A continuación te presento dos maneras de ver el liderazgo para que tomes de ellas lo que mejor se adapte a tu forma de interpretar la vida. La primera corresponde a la visión occidental del liderazgo en palabras del consultor argentino José Esterkin, quien recomienda que el líder:

  • Respeta las diferencias de personalidad y de habilidad de las personas que conforman su equipo de trabajo (o bien de su familia, comunidad, etc.).
  • Reconoce la contribución de cada miembro del equipo y no se “cuelga medallas ajenas”.
  • Busca los aspectos positivos de los miembros del equipo y los destaca en público. Los negativos los mira como oportunidades de crecimiento y los trata en privado.
  • Valora la autoestima de las personas y las hace sentir valoradas con las labores que les encomienda. Estas no deben estar ni por debajo ni por encima de sus capacidades.
  • Procura un buen flujo de comunicación entre los miembros del equipo, promueve la confianza y respeta las confidencias.
  • Apoya a los demás demostrándoles activamente que es parte del equipo de trabajo.
  • Practica la empatía, entendiendo las motivaciones, las preocupaciones y los temores de su equipo de trabajo.
  • Es congruente entre lo que dice y lo que hace.

Los orientales tienen una visión más espiritual que libera al liderazgo de las ataduras de los sistemas jerárquicos basados en el poder que se desarrollaron en occidente. El filósofo y psicólogo Jhon Heider, ha transportado a la visión de liderazgo moderno su conocimiento del Tao (milenaria corriente filosófica China), en el que determina que:

  • El estado de consciencia personal de un líder crea un clima de apertura. Estar centrado y aterrizado le otorga estabilidad, flexibilidad y permanencia.
  • Los miembros del equipo necesitan al líder para guiarse con facilidad. El líder necesita de personas con las cuales trabajar y a la cual servir. Si unos y otros no reconocen la mutua necesidad de amarse y respetarse, unos y otros se perderán.
  • Intentar demostrar el liderazgo sólo entorpece los procesos: el líder brillante es inestable (de esa inestabilidad aprende y se muestra como un humano falible ante el equipo); quien se apura no llega; quien trata de brillar no ilumina; el líder que se promueve es inseguro; el líder que se cree líder es impotente; el líder inseguro engendra inseguridad. Cualquier forma de egoísmo y/o egocentrismo oscurece el ser más profundo del líder e impide que ocurran las cosas.
  • El líder sabio habla rara ve y poco. El líder sabio escucha permanentemente. El líder enseña con su ser más que con su hacer.
  • La labor del líder consiste en facilitar procesos y aclarar conflictos.
  • El líder sabio no interviene innecesariamente. Se siente la presencia del líder, pero a menudo el grupo avanza por su cuenta.
  • Los líderes más débiles hacen mucho, dicen mucho, tienen muchos seguidores y crean cultos. Los líderes sabios no se entrometen, no controlan, no imponen sus ideas, no manipulan.
  • El líder sabio pone toda su atención en el presente y cuando no sabe qué está sucediendo recurre al silencio, no al pasado ni al futuro ni al ego.
  • El líder sabio no se dedica a coleccionar éxitos, sino que ayuda a los demás a encontrar su propio éxito y, además, promueve que se comparta el éxito entre todos los miembros del equipo.

Todos los caminos llevan a Roma. Ya sea que elijas una visión u otra, o decidas tomar lo mejor de las dos, saldrás beneficiado y comenzarás a desarrollar el líder que llevas en tu interior.

Félix Hompanera V.