Soy lo que elijo ser

Jun 22, 2010
Felix Hompanera V

Hace unos días volví a ver a una querida amiga que dejé de ver muchos años. Durante la cena, la conversación evidenció la trascendencia que han tenido en nuestra vida actual las decisiones tomadas en el pasado.

En estos días he reflexionado en la cantidad de decisiones que tomamos constantemente, algunas más relevantes otras menos, pero sobre todas ellas se erige nuestra existencia.

A lo largo del tiempo se han escrito novelas y se han filmado películas sobre las consecuencias de las decisiones que tomamos y lo que podría pasar si hubiéramos hecho algo diferente en lugar de lo que elegimos en ese momento, pero me quedo con una frase del maravilloso Sören Kierkegaard: “somos lo que decidimos”; es decir, la verdadera trascendencia de nuestras decisiones radica en que nuestro ser se significa con cada elección que realizamos.

El meollo del asunto está en saber si esas elecciones son conscientes o inconscientes. ¿La diferencia? Tomar el control de tu propia vida y hacerte responsable de lo que eliges voluntariamente.

¿Qué hubiera pasado si Hernán Cortes no decide quemar sus naves? ¿Cómo se hubiera escrito la historia? ¿Qué hubiera pasado si Cristóbal Colón hubiera llegado a la India y no a América? ¿Y si Hitler hubiera ganado la guerra? ¿Si Freud hubiera tenido el éxito que buscaba cuando experimentaba con las propiedades de la cocaína? ¿Si el Dr. Mejía Barón hubiera metido a la cancha a Hugo Sánchez ante Bulgaria en el mundial de 1994?

Si reflexionas en todos los “hubieras” que consideres con cierta relevancia para que tu vida sea como ahora la concibes, para bien o para mal, podrás darte cuenta de que la mayor parte de tus elecciones están cargadas de “buenas intenciones” en donde aparentemente obtienes un beneficio y/o beneficias a alguien más. No obstante, hay ocasiones en que lo mejor no necesariamente es lo correcto y viceversa.

Para decidir correctamente debes apelar a la razón, a esa capacidad de análisis que nos diferencia del resto de los seres vivos. Decidir con base en argumentos racionales, te ayuda a actuar con base en tus objetivos. Al hacerlo basándote únicamente en las emociones, te limitas a reaccionar. Con esto no pretendo que elimines las emociones a la hora de tomar decisiones, sino que las integres en el análisis de una situación que se hace desde la razón.

Si tienes una meta, tendrás que analizar si la decisión que intentas tomar te acercará a la consecución de la misma o te alejará de ella. Por ejemplo: si quieres correr una maratón tu estilo de vida tendrá que estar orientado a soportar el esfuerzo de correr durante 42 kilómetros. Por lo tanto, todos los días tendrás que decidir si te levantas de la cama para entrenar o no, si sigues una dieta adecuada o no, si tus horas de descanso son las adecuadas para la carga de entrenamiento o no, si te desvelas el fin de semana o no, si tomas grandes cantidades de agua natural o no, si sales con personas que te consideran un loco por correr tanto y beber menos alcohol o si sales con personas que están “sintonizadas en tu canal” y te motivan a seguir adelante, etc. Es decir, en todo momento estás teniendo que decidir si orientas tu conducta hacia la consecución de la meta que te trazaste o no.

Ahora piensa en qué quieres hacer de tu vida y si las decisiones que estás tomando cotidianamente tu acercan a esa imagen mental o te alejan de ella. Te invito a que reflexiones si eres tú quien por medio de sus elecciones se encarga sistemáticamente de alejarse de su objetivo. La mayor parte del tiempo es así, pero es más fácil responsabilizar por ello a los padres, a los malos gobiernos, a los jefes explotadores, a la mala suerte para elegir pareja y hasta el destino, antes de querer ver con claridad y aceptar que el principal promotor de tu fracaso eres tú mismo.

El primer paso es trazarte una meta y después elegir constantemente aquellas situaciones que te lleven a ella. Pero decidir también es una capacidad que debes desarrollar. Para saber cómo andas en ese renglón, te invito a que contestes las preguntas:

¿Normalmente cambias de opinión una vez que decidiste algo? ¿Los demás influyen en tus decisiones? ¿Dejas pasar el tiempo para no decidir inmediatamente? ¿Te cuesta trabajo tomar decisiones importantes? ¿Empleas mucha energía para tomar decisiones no tan importantes? ¿Has perdido oportunidades por no decidir pronto? ¿Acudes a los demás para que tomen decisiones importantes para ti, enmascarándote tras un “sólo quiero que me aconsejen”?

Si contestar estas simples preguntas puso en evidencia algo importante para ti, sin duda es momento de que tomes la decisión de hacer algo para transformar tu vida.

Félix Hompanera V.