Cuando trabajar enferma

Jun 21, 2010
Felix Hompanera V

Angustia, agotamiento emocional, dolores físicos y psíquicos, así como trastornos en la alimentación, actividad física y descanso; son provocados por el Burn-Out: una enfermedad laboral que provoca detrimento en la salud física y mental de los individuos reconocida por la Organización Mundial de la Salud.

Se dice que el Burn-Out es “una pérdida progresiva del idealismo, energía y motivación de las personas como resultado de las condiciones de trabajo”. Las personas que la padecen presentan agotamiento emocional; desarrollan actitudes y respuestas negativas distantes y frías hacia otras personas dentro del entorno laboral; incrementan su irritabilidad; pierden motivación; se muestran cínicos, irónicos y frustrados; se sienten fracasados, que su vida laboral no tiene sentido y carecen de expectativas.

Durante las décadas de los ochenta y noventa se asociaba esta enfermedad a los trabajadores y trabajadoras cuya responsabilidad laboral se centraba en la prestación de servicios y atención al público: médicos, enfermeras, terapeutas, profesores, vendedores, personal de atención al cliente, policías, etc. Sin embargo, en la primera década del Siglo XXI la enfermedad se ha extendido a toda aquella actividad laboral que implica que el trabajador o trabajadora se enfrente a situaciones que le afectan emocionalmente durante largos períodos de tiempo.

En épocas de crisis en lo laboral, social y natural (inundaciones, sismos y demás), tener trabajo es un lujo. No obstante, de eso se valen los patrones para exigir que una persona realice el trabajo que deberían de hacer tres y por la mitad de un sueldo regular. Hoy se contrata a quien más sabe y menos cobra, con lo que la competencia por un ingreso –aunque sea bajo–, se ha vuelto encarnizada.

Cuando el Burn-Out se comienza a presentarse puede producir dolores de cabeza, lumbalgias y dolores de espalda. Cuando su grado es moderado aparece el insomnio y el déficit de atención y concentración. En esta etapa se tiende a la automedicación. Sin embargo, cuando el Burn-Out avanza y se presenta de forma grave, aumenta el ausentismo, se presenta una marcada aversión por las tareas laborales e incluso aumenta el grado de consumo de alcohol y fármacos. Esta enfermedad en su forma extrema presenta un aislamiento del individuo, acompañado por crisis existenciales, depresión crónica y, en algunos casos, pensamientos suicidas.

Las variables que intervienen principalmente en la formación de esta enfermedad son:

  • Un modelo laboral muy autoritario en donde no se tiene oportunidad en intervenir en la toma de decisiones.
  • Los turnos laborales de más de ocho horas.
  • El riesgo latente a perder el trabajo.
  • Tener menos de dos años de antigüedad en un puesto de trabajo.
  • El aumento súbito de responsabilidades.
  • Bajas expectativas de crecimiento dentro de la empresa.
  • La incorporación de nuevas tecnologías.
  • La burocracia excesiva.
  • Un clima laboral donde reinan el control y la despersonalización.
  • No existe la retroalimentación o, si existe, es negativa en su mayoría.
  • Bajos salarios.
  • Relaciones interpersonales basadas en la desconfianza, carentes de apoyo, poco cooperativas y destructivas.

La clave de la prevención está en desarrollar la fortaleza interior para evitar sucumbir ante los problemas diarios del trabajo y controlar los nervios y emociones en los momentos de máxima presión. De esta manera se puede controlar eficazmente el estrés.

Es muy importante aprender a tener calma o recobrarla cuando se ha perdido, para poder analizar fríamente una situación que se presenta de manera contradictoria y nos afecta emocional o laboralmente. Para lograrlo, es recomendable aprender a analizar y evaluar las situaciones problemáticas de tal forma que dejen de serlo, y eso sólo se logra estando calmado y desmenuzando el problema para resolverlo sin que afecte los nervios del trabajador.

A esto, habría que añadir técnicas de autorregulación o control que permitan al trabajador administrar mejor su tiempo y no estar presionado por los horarios o plazos de entregas. Adicionalmente, los trabajadores deben generar herramientas que les ayuden a desarrollar habilidades sociales y asertividad, para que logren delegar tareas y solucionar problemas entre sus compañeros, jefes y subalternos.

No hay como trabajar en equipo y sentir que uno pertenece a un grupo para mantener alta la motivación y energía en el trabajo. Las buenas relaciones entre colegas y compañeros de trabajo son indispensables para mejorar la eficiencia y que las horas que se pasan en el trabajo cobren sentido.

Si generar todo esto no depende directamente del trabajador o ya lo ha intentado sin éxito, siempre será una buena opción cambiar de empleo; pero si por algo siente que no es el momento adecuado para cambiar hacerlo, puede comenzar a practicar técnicas de relajación como la práctica de yoga o la meditación, a fin de obtener herramientas mentales y emocionales para tener el control y retomar la calma en situaciones adversas, así como a promover el bienestar en el ámbito de trabajo.

Félix Hompanera V.