Hablar o callar, he ahí el dilema

May 07, 2010
Felix Hompanera V

“Las palabras son como flechas que, una vez lanzadas, corres el riesgo de que den en su objetivo y el resultado sea implacable”; nos decía un maestro en la universidad.

En el post anterior abordé el tema de la importancia de tomar decisiones, adecuadas o no es lo de menos, lo importante es tener el valor de actuar. Pero ¿qué pasa cuando tenemos ante nosotros la decisión de decir algo o callarlo?

Ante el tema surgen diversas posturas. Freud decía que “uno es dueño de lo que calla y esclavo de lo que habla”. Por su parte, Miguel de Unamuno sentenció que “a veces, el silencio es la peor mentira”. Confucio creía que “el silencio es el único amigo que jamás traiciona”; mientras que Sir Francis Bacon afirmó que “el silencio es la virtud de los locos”.

Cada quien fijará su postura personal ante la difícil decisión de elegir entre hablar o callar en el momento oportuno, y eso no está en tela de juicio. Lo verdaderamente relevante del tema es indagar interiormente el por qué, o mejor dicho, el “para qué” de esa decisión.

Si vieras a la prometida de tu mejor amigo besando a otro hombre ¿se lo dirías a tu amigo? “Por supuesto, mi amigo tiene el derecho de saber con qué clase de mujer se va a casar y así evitar futuros conflictos”, dirían algunos. Otros preferirían hacer ojo de hormiga argumentando, “no me va a creer y quien va a salir perdiendo al final de todo seré yo, ese es asunto de ellos”. En ambos casos, el fundamento de la decisión recaería en el amigo y su reacción ante una u otra opción. Muy válido, pero poco inteligente.

La elección entre comunicar o callar algo tan relevante, en el fondo, podría estar relacionada con procesos que se llevan en tu interior. Quizás podría estar determinada por algún interés y/o deseo inconsciente que no has identificado. ¿En qué te beneficia y/o perjudica que tu amigo se case con esa mujer? ¿Qué obtendrías al decirle lo que viste o al callarlo? ¿Reconocimiento, seguridad, control, tranquilidad? Una vez que analizaste las dos opciones, ¿cuál te hace sentir mejor contigo mismo, cuál está más alineada con tus valores personales?

El asunto se pone más divertido cuando eres tú quien está implicado directamente en determinada circunstancia. Por ejemplo, si eres tú quien siente algo por alguien que ya tiene un compromiso, cualquiera que este sea, con otra persona. ¿Se lo dirías? ¿Serías capaz de respetar a los demás tanto como a ti te gustaría ser respetado o preferirías ver por tus intereses y la entera satisfacción de tus necesidades? En mi opinión, bastante válidas ambas posturas, siempre y cuando en ellas exista la honestidad y transparencia, tanto con uno mismo, como con su interlocutor. Todos estamos expuestos a que nos suceda algo así, lo reprobable es la mentira, el engaño, la manipulación, etc.

El elemento que puede hacer la diferencia entre fijar una postura digna y una postura egoísta, es la honestidad. Antes de elegir entre decir o no algo, se debe elegir ser honesto con uno mismo. Cuando los sentimientos, las necesidades y/o los deseos son expresados con transparencia, nos hacemos responsables de lo que sentimos, de lo que decimos y de sus consecuencias. Las palabras son pensamientos materializados, han dejado de ser ideas que pertenecen a un mundo fantástico en tu mente para formar parte de la realidad. Por lo tanto, debemos de expresarlas con la consciencia de que pueden erigir monumentos espectaculares o cavar tumbas muy profundas.

El mismo Freud escribió que “la verdad al cien por ciento es tan rara como el alcohol al cien por ciento”; no obstante, la búsqueda de la verdad, de tú verdad, debe estar alineada con tus valores a fin de favorecer tu toma de decisiones y tu aceptación de las consecuencias de tus palabras y de tus acciones. Esto traerá a tu vida autenticidad y libertad.

En la medida en la que te permitas observar en tu interior la motivación para hablar o callar, tus palabras serán más edificantes. Aspira a no quedar bien con los demás por lo que dices o dejas de decir, sino a sentirte bien contigo mismo. Quizás en ocasiones sea preferible renunciar a satisfacer un deseo que podría traerte una alegría momentánea, por fortalecerte interiormente hablando y actuando con verdad y transparencia para obtener la felicidad permanente.

Félix Hompanera V.