Amor, matrimonio y otros mitos

May 18, 2009
Felix Hompanera V

Desde hace varias décadas, se sabe que en el cerebro humano fue “programado” para “preservar la especie”, no para “vivir en pareja”. Este asunto del matrimonio, no es más que un intento de las sociedades primitivas para solucionar un intercambio de parejas sexuales indiscriminado; después vinieron las religiones que vieron en el matrimonio y la familia una forma “civilizada” de control; y en tiempos recientes, el capitalismo occidental que también se ha servido con la cuchara grande valiéndose del supuesto amor que lleva a las parejas a cohabitar.

Una investigación reciente realizada por la Universidad de Texas a más de dos mil hombres y mujeres entre 20 y 35 años, reveló que existen 237 motivos para tener sexo. Demasiados “pretextos”, ¿no crees? Sin embargo, ese número no es lo que más llamó mi atención, sino las siguientes observaciones:

1. De los 237 motivos expresados por los jóvenes entrevistados, solamente en siete coincidieron hombres y mujeres: atracción física hacia el otro, necesidad de liberar tensión, satisfacer “la hormona”, vivir la adrenalina de la aventura, sentirse deseados por alguien más y curiosidad por experimentar nuevas formas y posturas en la cama.

2. Únicamente fue mencionado por el 13.7% de los entrevistados como un motivo para el encuentro sexual.

3. Sólo el 8% de los entrevistados manifestaron tener hijos o estar interesados en convertirse en padres en algún momento de su vida.

4. El 89% de los entrevistados negaron vivir con alguien y el 64% declaró que no tiene intención de hacerlo jamás.

Se supone que lo que nos hace diferentes del resto de los mamíferos que habitan el planeta es nuestra capacidad de raciocinio, pero ¿dónde quedó? ¿En qué momento la perdimos? De acuerdo con los resultados de la investigación, los seres humanos nos hemos dejado conquistar por el instinto y buscamos la intimidad sin sentido alguno.

Si bien la decisión de vivir en pareja demanda un grado de madurez emocional que no cualquiera posee, deberíamos reflexionar en lo que nos lleva a tener encuentros sexuales ocasionales. Milán Kundera aseguró que “el que pierde la intimidad lo pierde todo” porque no resulta fácil abrir esa zona a otras personas. Invitar a alguien a compartir nuestra intimidad demanda un grado de confianza significativa, pero sobre todo, de amor propio. Lamentablemente parece que hoy es más fácil abrir las piernas que el corazón, que es prioritario satisfacer las necesidades del cuerpo antes de las del alma, que buscamos tapar con orgasmos los huecos de nuestro corazón, que nuestro nivel de “calentura” es mayor a nuestro nivel de compromiso y que nuestro instinto animal se apoderó de nuestra conducta sometiendo al sentido común.

Sería de gran utilidad para ti reflexionar en el estado de tu autoestima, en lo que aprendiste en casa acerca de vivir tu sexualidad a plenitud, en los límites que pones a tus parejas sexuales, en tu miedo a amar y sentirte vulnerable, en tu terror al rechazo y al abandono, en tu estilo de vida actual y en tus expectativas a mediano y largo plazo.

Félix Hompanera V.