Amor a la mexicana

Mar 08, 2009
Felix Hompanera V

El diario regiomontano El Porvenir publicó que una de cada cinco mujeres sufre de violencia por parte de su pareja actual; más de medio millón de mujeres han sido amenazadas de muerte por parte de su pareja y dos de cada tres homicidios de mujeres ocurren en el hogar. ¿Por qué el amor se torna violento?

Una de cada tres mujeres ha sufrido violencia de la pareja al menos una vez en la vida; el 70% de las mujeres que fueron golpeadas por su pareja vuelven a experimentar un episodio violento en menos de un año; una de cada tres mujeres maltratadas tuvo algún daño en el momento o después de ser obligadas a tener relaciones sexuales con su pareja; etc.

La violencia doméstica o de pareja se refiere a cualquier comportamiento de una persona dentro de una relación íntima que causa daño físico (provocado por golpes de cualquier índole), psíquico (intimidación, denigración y humillación), emocional (aislamiento de su familia y/o amigos, vigilar sus movimientos, restringir el acceso a información, etc.) o sexual (relaciones sexuales forzadas o cualquier otra forma de coacción) a su pareja. Por tanto, no sólo las mujeres se ven expuestas a la violencia por parte de su pareja, sino también los hombres. Pero, ¿por qué el amor puede tornarse violento?

La psicóloga española Rocío Toledo afirma que, tanto mujeres como hombres en España y en Latinoamérica, hemos sido educados para percibir el “amor romántico” de la siguiente manera:

  • Entrega total a la pareja.
  • Hacer del otro lo único y fundamental de la existencia.
  • Vivir experiencias muy intensas de felicidad y sufrimiento.
  • Depender del otro y adaptarse a sus necesidades, postergando las propias.
  • Perdonar y justificar todo en nombre del amor.
  • Consagrar su vida al bienestar del otro.
  • Estar juntos todo el tiempo.
  • Pensar que es imposible volver a amar con esa intensidad.
  • Experimentar ansiedad con la sola idea de que la pareja se vaya.
  • Sentir que nada vale tanto como esa relación.
  • Prestar atención y vigilar permanentemente cualquier señal o signo de altibajos en el amor y/o interés de la pareja.
  • Sentir que cualquier sacrificio es poco si se hace por amor al otro.

Como puedes ver, esto se trata de un amor de telenovela.

Cuando una persona se siente capaz y valiosa porque ha sido aceptada por sus padres desde que nació, puede reconocer su derecho al respeto y a la defensa de sus necesidades; se siente dispuesta y capaz de afrontar los problemas; se permite equivocarse, aprender, rectificar y seguir adelante sin sentir desconfianza de sí misma; cuando le va bien disfruta y se siente contenta consigo misma, pues tiene conciencia de que posee méritos legítimos. Esto, entre otras cosas, son características de una persona emocionalmente sana.

Cuando la individualidad deja de ser el eje de nuestra vida para que otra persona ocupe totalmente ese lugar, se produce un desequilibrio y un vacío interior que anula la personalidad y gesta una enorme dependencia. Todo lo que dice, hace o piensa el otro pasa a ser vital para la seguridad propia. La extrema necesidad de aprobación y la esclavización emocional y física llevan a un estado de inquietud permanente. Todo se vuelve amenazante para ese “amor dependiente”: ¿y si el otro se cansa, o si se aburre o si conoce a alguien más…?

En ese sentido, quien ejerce violencia también es dependiente de su pareja. Su baja autoestima le lleva a controlar todo lo que ella hace, pues se siente inseguro de que lo quiera y lo acepte por él mismo. De ahí que utilice todas las técnicas de abuso emocional para socavar la autoconfianza de la pareja, haciéndole creer que no puede arreglárselas sola y que es una inútil.

Las personas involucradas en estas situaciones, con toda su propia desvalorización a cuestas, no perciben la humillación que implica el esfuerzo de intentar arrancar amor, interés o cuidados auténticos a quien no puede o no quiere darlos o sentirlos. Esta persona no puede ser considerada como enferma o masoquista, sino un ser humano que, a fin de cuentas, no ha pretendido más que ajustarse estrictamente a lo que su familia y/o la sociedad le han inculcado y han exigido de ella. Sin duda, las conductas dependientes a las que he hecho referencia, merman el desarrollo de las personas y las vuelven total y completamente infelices.

En la próxima publicación hablaré de la adicción a otra persona, una de las adicciones más complejas y de mayor aceptación social. Mientras tanto, te invito a que reflexiones sobre la forma en la que amas y te aman, y a que denuncies ante las autoridades competentes toda aquella manifestación de violencia que alguien profiera en tu contra.

Félix Hompanera V.